Y en este momento de cataclismo, sigo encontrando un rincón cálido entre tus brazos.
Un refugio que me protege de los muros que se derrumban, y de las ausencias que me habitan.
Puedo encontrar un hogar entre tus suaves besos, aquellos que son guardados para mí.
Entre tantas tristezas y mundos derrumbados, el tuyo sigue en pie.
Aún manteniendo los países de cariños y las ciudades solares.
Me dejas habitar en tu pecho, protegiéndome del caos de mi mente.
Entre tus palabras encuentro consuelo.
Y me aferro a tus manos, que guardan una dulzura que no cambia.
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