Con tus botas texanas,
esas de tacón afilado
las que usas con orgullo,
las que te hacen más alto
más fuerte,
las que suenan
como balas en la madrugada,
las que anuncian tu llegada al bar
antes de que aparezcas,
las que marcan territorio,
las que hacen temblar el suelo
cuando decides que el mundo
debe rendirse
ante ti.
Esas botas texanas
que acaricié con mis dedos
que besé en noches de entrega
que admiré mientras
te veías al espejo
creyéndote invencible,
esas mismas botas
se clavaron en mi pecho como estacas
Esas botas texanas
que yo limpié con mis manos
quitándoles el rastro
de otras historias,
de otros cuerpos
de otras almas
que como la mía,
creyeron
que podían domarte,
que podían ser más que un nombre
olvidado en tu lista
Esas botas texanas que admire
cada que te las ponías
que deseé ver junto a mi cama
cada noche,
que miré subir los escalones de mi casa
pensando
que esta vez
sería diferente,
esas mismas botas texanas
se convirtieron en el peso
que me aplastó.
Con esas botas texanas,
me pisaste el corazón.
No fue un descuido,
no fue un resbalón,
fue un acto premeditado,
frío
certero
brutal.
Un paso firme
sobre mi pecho,
un giro lento
una presión calculada
hasta que mi carne cedió,
hasta que mi alma
crujió bajo tu peso.
Y tú ni siquiera te detuviste.
No hubo un temblor
en tu pierna,
no hubo un atisbo de duda
en tu sombra,
no hubo ni un respiro
entre cada pisada,
porque lo hiciste
con la costumbre
de quien ha destruido
demasiadas veces
como para sentir remordimiento.
Dejaste el suelo marcado
dejaste la huella de tus botas texanas
impregnada
en lo que un día fue mío.
Mi pecho es un mapa de cicatrices,
una escarificación con tu nombre
tallado a fuego
un recordatorio imborrable
de que el amor
puede oler a cuero,
a polvo
y a metal
y aun así
ser la herida más profunda.
Y mientras tú sigues caminando,
con esas mismas botas texanas
manchadas
de todo lo que me quitaste,
yo me quedo aquí
hundida
en la tierra removida,
mirando el cielo
y preguntándome
si alguna vez
pensaste en voltear atrás.
Pero no lo hiciste.
No lo harás.
solo sigues andando,
con el mismo porte,
con la misma seguridad,
con las mismas botas
como si nunca hubieras
pasado sobre mí.

Fer
Nunca aprendí a domar la nostalgia de este cuerpo adicto a tu ausencia. Rezo por tu ternura y repito tu nombre como un padre nuestro fúnebre frente al vacío.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in