¿Qué resultado esperabas al nutrir mi irresponsable ternura? ¿Buscabas, acaso, que terminara encontrándome en este estado nauseabundo? Me sorprende lo resistentes que son tus mentiras y la forma descarada en que te entregas a derrocharlas.
Odio que seas el dueño de mi fascinación. Odio que tu risa sea la conmoción que me mima el alma y que tu rostro se me aparezca en el de cada nene que cruzo. Odio la ternura insoportable que me genera escucharte hablar sobre lo que te emociona; y odio, sobre todas las cosas, el no poder tenerte.
Y después de todo, acá estoy. Escribiéndote porque, después de tanto incurable rencor, todavía no encuentro la forma de odiarte.
Si pudiera volver al pasado, no sabría cómo convencerme de que hoy busco algún rastro de humanidad en tu ser.
Sos un criminal que desnudó mi alma y se llevó lo poco purificado que me quedaba; un infame que nunca pudo comulgar con la nobleza de mi lealtad. Un carente en valentía, el que le da 'tutoría' a mis reacciones consecuentes de sus acciones.
Quizás no es tu culpa no desearme, honestamente. Pero te culpo por haber utilizado mi inocente ternura como abrigo para tu triste y fría vida; porque no te preocupó saber lo cruel que era tu corta estadía mientras, tontamente, mi fé te entregaba.
Al final el único crimen que supiste exceptuar fue el asesinato de mi ternura. Es devastador comprender que nunca fuiste un compañero; solo un turista emocional.
Qué creencia tan inverosímil fue la mía, la que juraba que eras la cura de mi inhumanidad; solamente fuiste su alimento.
Terminaste dejándome huérfana de ternura.
No busco algún tipo de devolución; únicamente que puedas encontrar tu humanidad y no lastimar a nadie más.
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