No llegaste como llegan las certezas,
llegaste como llegan los cuentos buenos:
sin avisar,
con una frase subrayada en el pecho
y una promesa escondida entre líneas.
Te leí primero con desconfianza,
como quien abre un libro recomendado por otros
y finge no esperar nada.
Pero bastó una página —
una mirada,
una risa mal colocada—
para entender que ibas a quedarte
a vivir en mí.
Eres ese relato que no se deja resumir,
el que pierde sentido cuando alguien pregunta
“¿de qué trata?”.
Porque no trata:
late,
respira,
se equivoca con elegancia
y vuelve a empezar sin pedir perdón.
Contigo aprendí que hay historias
que no buscan final,
solo continuidad.
Que no quieren ser perfectas,
solo verdaderas.
Que no prometen salvarte,
pero se quedan cuando el mundo
se cae a pedazos.
Tú no eres el amor de novela romántica
que todo lo puede.
Eres el amor que se queda sin palabras
y aun así entiende.
El que discute,
el que duda,
el que a veces se cansa
pero no se va.
Hay días en los que te leo lento,
saboreando cada gesto
como si fuera una frase bien escrita.
Otros días te leo mal,
saltándome capítulos,
interpretando donde no hay metáforas.
Y aun así,
el libro no se rompe.
Tu voz tiene algo de hogar
y algo de despedida.
Como esos cuentos que se leen de niños
y se entienden de adultos,
cuando ya sabemos
que nadie sale ileso de sentir.
Me gustas porque no intentas ser épica,
porque no hablas en mayúsculas,
porque no prometes eternidades baratas.
Me gustas porque eres cotidiana,
porque haces café como si fuera un ritual secreto
y porque sabes que el silencio
también puede ser una forma de cuidado.
Si alguna vez nos perdemos,
sé que será entre párrafos,
buscando una frase que dijimos mal
o una que nunca nos atrevimos a decir.
Pero incluso ahí,
en el margen,
en la nota al pie,
seguirá existiendo esto que somos.
No sé cómo termina nuestra historia
y, por primera vez,
no quiero adelantarme al final.
Prefiero leerte así,
día tras día,
con los errores incluidos,
con las páginas dobladas,
con las manchas de vida
que ningún editor permitiría.
Porque si el mundo se incendia,
si todo pierde sentido,
si algún día tengo que elegir
un solo texto para salvar del olvido,
serás tú.
No porque seas perfecta,
sino porque,
contra todo pronóstico,
te convertiste
en mi cuento favorito.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in