¡Oh, los manjares que mi cuerpo ansía!
¡Oh, la mesa que no encuentra reposo!
En mi carne reposa el anhelo más profundo,
de un festín que se ha desvanecido en el polvo.
Escuchad, oh cielos,
mi cuerpo sepulcro de pasiones muertas,
anhela el banquete de labios ya ausentes,
pero el festín que anhelo es sólo una omnipresencia espesa
de recuerdos.
No sé saciar mi carne con el pan de los hombres,
sino que devoro el alma en su morada,
deseando el néctar de un amor que ya no es,
que no fue,
nunca será.
Me retuerzo de hambre al observar
tu carne espesa de ternura,
de silencios ruidosos que me invitan a pecar.
¿Dónde están las mesas,
donde tu ternura supo ser manjar?
¿Dónde la carnosidad de esos besos,
que en mis huesos aún pueden resonar?
¡Ay, alma mía!
¿Por qué te desvaneces en la oquedad del desamparo?
¿No fue suficiente el vino rebosante de la pasión, que ahora te postras en la oscuridad del vacío?
Pues, los festines de tus anhelos se han desvanecido,
y el banquete de tus deseos se ha disipado como el humo, dejando solo la sombra de lo que fue.
Así como la serpiente devora el polvo,
podría devorar los sacramentos de tu amor,
día tras día,
en la comunión de los santos,
en la soledad de la oración,
en el silencio del alma que te busca.
En cada eucaristía,
en cada acto de fe,
me uniría a tu pecar,
hundiría la daga en mi mismo,
me haría partícipe de tu pasión,
con tal de ser merecedor de tu piel;
Bebería la esencia misma de tu sacrificio,
y en cada gota encuentro la gracia,
el perdón inmerecido,
la promesa de una nueva creación.
Cierro los ojos y me abandono en tu abrazo,
que lleva impregnado tu carne inmaculada
de ternura,
mientras mi estómago abierto susurra
una oración de gratitud,
casi de un ruego profundo que ya no tiene sentido.
¿Qué hacer con esta hambre?
Cuando el amor, mi pan, se ha desvanecido,
mi cuerpo le reza a tu sangre, a mi condena.
buscando saciar el vacío que dejaste, una vez que el vino terminaste.
Oh, cuán grande es el deseo que consume segundo a segundo,
pues lo que deseo es imposible de alcanzar:
la carne que se ha desvanecido en la tierra,
en el cielo y en el infierno.
Sos la fuente de toda vida,
el alimento que nutre
no solo el cuerpo,
sino también mi alma que en vos se refugia.
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