tus pisadas sobre el pavimento caliente
le dejan qué desear
cuando tus pies descalzos
le dan el derecho de tocarte.
el sol se escapa entre los árboles
luchando contra las hojas
intentando poder rozarte con su luz.
y la brisa pasajera pero agobiante
se detiene cuando llega a tus cabellos
y los levanta sin lograr quedarse con uno de ellos.
hasta el mar tiene sed de tu piel
quiere habitarla
por más tiempo de lo que dura un parpadeo.
ni la risa más jovial del mundo
se compara a los ecos de la tuya
que calla a una jauría
en lo alto de la noche
solo para escucharte.
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