Me brillan los ojos, soy toda pupilas cuando te imagino sonriendo en la madrugada.
Está saliendo el sol y yo no puedo apagar mi día.
Entonces los enciendo:
todos estos vicios que detestabas,
mi alma caminando sobre la baranda de tus pestañas.
El vértigo tan hermoso de resbalar en la cornisa de tus lagañas...
Quizá fue esa vez que era todo noche y no te despertabas.
O esa vez que mi tristeza no te cautivaba.
Quizá tenia correr, soltarte la mano,
dejarte caer en ese vacío, que es tu vida
pero intenté salvarte
y me condené a ahogarme
en tu indiferencia.
Con las yemas de los dedos vencidas,
con mi piel que ya no la eriza
tu guitarra que me grita esta última verdad.
Acá está el cuento triste, lo único que me lavó la cabeza fue lo mucho que me heriste.
Mi esencia es puro alquitrán.
Si no hay vuelta atrás entonces no quiero llorar más
nunca más
sobre tu espalda.
Me resbalo en tu risa.
Caeré al vacío y lo haré mi vida
para no verte más.
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