Volviendo a viejas costumbres,
Me he afeitado y no te lo he mostrado para que así me digas que estoy mucho más guapo.
Tampoco me he desabrochado la camisa para que me digas que estoy más flaco, aunque yo esté diciendo lo mucho que he engordado.
El café con leche ya no es claro ni lleva tres cucharadas de azúcar, me ha vuelto a gustar oscuro y amargo.
Vuelvo a dormir en horizontal porque el lado izquierdo de la cama ya no tiene quien lo deforme.
Y las persianas vuelven a estar siempre abiertas, ya no hay que volver a cerrarlas para que no moleste la luz de la mañana.
Creando nuevas costumbres.
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