Sucede que amo la manera en la que amas a tus padres y hermanas,
la forma en la que los admiras,
como un niño a un superheroe.
Amo la manera en la que amas a tus amigos
y a esos que apenas conoces
pero con quienes no tardas en hacerte cercano.
Amo la manera en la que amas las reuniones familiares,
sobre todo cuando llega la hora de cenar todos juntos
y no puedes esperas para llenar tu boca de comida.
Amo la manera en la que amas las festividades;
cuando cruzamos las miradas posando junto al árbol navideño,
siento que una fuerte corriente recorre todo mi cuerpo,
esa electricidad que hace que se detenga el tiempo
y que solo pueda pensar cuánto te quiero.
Amo la manera en la que te amas a ti mismo,
cómo te cuidas tanto en cuerpo como en corazón;
ya te han lastimado,
por eso solo te guardas,
como una flor en su capullo ocultandose del frío
Amo la manera en la que amas la vida y sus escalones,
como aprendes de ella
como lloras cuando sientes que ya no puedes
y como te levantas cuando ya no le ves sentido a seguir llorando.
Amo todo eso y más,
amo tanto, pero tanto de ti,
tantas cosas diferentes que quizás ni tú sepas.
Pero hay una cosa
que odio de ti,
y es la manera
en la que no me amas
a mí.
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