Toda persona pertenece a un "deber ser". Vivimos siendo obstaculizados por parámetros que cumplir, estructuras que se correspondan con aquello que tenemos que hacer. "Dejar ir" implica reperfilar el deseo hacia nuevos moldes, envases vacíos carentes de temperamento que sobredeterminan las maneras en que definimos a nuestro YO.
Nada de lo que nos rodea es tan real como aquello que percibimos, de forma engañosa, por primera vez. A menudo, solemos creer cosas que nos atraviesan, de una vez y para siempre, sólo para admitir que en realidad, nada cambia.
No obstante, son nuestras formas de interpretar (incluso las propias decisiones) las que moldean nuestro contacto con aquel mundo cada vez más fragmentado y ridículo. Eso que, de una u otra manera, puede abordado desde múltiples parámetros, más allá de los límites concebidos históricamente.
La posibilidad de crear, a cada segundo, nuevos escenarios pertenecientes al orden de "lo posible". Llegamos al punto de defender la idea de que aquello a lo que llamamos REALIDAD no es más que algo que podemos moldear a nuestro antojo, rompiendo con las posibilidades del mero deseo.
Arribar al extremo de alcanzar la realización de algo que culmina en una concepción de DESTINO. Empresa de puro esfuerzo y voluntad pero nada es imposible en tanto apuntemos a cristalizar con banalidad una parte de lo que dejamos atrás, enfocándonos al extremo en la realidad infinita del deseo.
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Elizabeth✨️
Algo de mis escritos o "poemas", producidos gracias al endemoniado desorden que habita en mi cabeza, del choque entre mis memorias y el reflejo de lecturas pasadas... 🖤🖤
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