El tiempo, artesano de ausencias,
no ha podido borrar tu huella.
Porque hay amores que no mueren,
solo se transforman.
Sigo sintiéndote en los gestos simples:
en la calma de una tarde,
en el aroma de las flores,
en una historia que no sé si viví
o si vos me la contaste.
Fuiste manos de flor,
envolviendo el mundo en ternura,
y guardiana silenciosa
de mi frágil alma de niña.
Dormir entre vos y el abuelo
era como estar en el centro del universo:
ni el miedo ni el frío entraban.
Solo amor,
en su estado más puro.
Ahora que ya no puedo verte,
te busco en lo invisible.
Y siempre te encuentro.
En la brisa que me rodea suave,
en una lágrima que no puedo evitar,
y en la certeza de que estás,
más allá del tiempo.
Tu amor no se fue.
Solo cruzó de orilla.
Y en algún lugar donde las almas se reconocen,
nos volveremos a abrazar
como si nunca nos hubiéramos soltado las manos.
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