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The KKK Took My Baby Away

May 20, 2026

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The KKK Took My Baby Away
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No queda nada en la superficie. Nada reconocible.

No quedan amigos ni enemigos. Ni tampoco el rastro de lo que alguna vez fui.

No hay manteles con resto de desayuno.

Ni hornallas tibias, ni cigarros apagados a medio terminar.

Solo una solemne quietud que huele a tierra mojada.

Se lo llevaron.

.

¡Pobres los pocos cuadros que resisten colgados!

Tuvieron mejor suerte que los espejos.

Los libros agonizan por todo el suelo.

Cortázar por allá, Orwell por acá.

Samantha y Despentes abrazadas debajo de la mesa.

Nietzsche trepando la estufa.

Borges no respira. Hesse le hace respiración boca a boca.

Tolkien habla solo, escribe un plan para escapar en hojas manchadas de polvo y sangre.

Yo podría decirle que es inútil, pero no me escucharía, inventaría un mundo nuevo con tal de sacarnos vivos de acá.

Se lo llevaron.

.

He leído sobre guerras. Las he estudiado.

He memorizado nombres, he analizado hombres y he hecho notas al pie sobre aquellos personajes secundarios que parecían pasar desapercibidos (pero todos sabemos que si un nombre queda escrito en una guerra, quiere decir que su aparente inocencia formó parte de la historia de la misma).

He marcado campos de batalla en los mapas. Ciudades que cambiaron sus nombres, otras que aún guardan el olor de los cuerpos putrefactos apilados en las veredas.

Se lo llevaron.

.

Y siempre que las leía, pensaba en cómo hubiera sido estar en esos momentos de la historia.

Y siempre que lo pensaba terminaba imaginando que tal vez habría sido cronista, documentando todo, escribiendo diarios, entrevistando a los sobrevivientes (a los mutilados, a los soldados) y ayudando a las mujeres, que se quedaban solas en sus hogares a cargo de los niños. Y probablemente alguna bomba me habría hecho volar por los aires… o no, dependiendo de mi suerte o de mi destino.

Se lo llevaron.

.

Primero le lavaron el cerebro con propaganda y parafernalia.

Le imprimieron su lema: los “no puedo”, los “no entiendo” y los “no sé”.

Hasta que, ya moldeado a su estilo, no tuvieron ni que reclamarlo.

Él solo se alistó al ejército de los “no”.

Se lo llevaron.

.

Lo convencieron de que estaba maldita (o maligna), que estaba loca e imaginaba cosas.
Le hicieron creer que en mi lengua se manifestaba el diablo, por escupir las verdades e incitarlo a no quedarse callado.

Lo manipularon con quitarle otras cosas si no se unía a ellos (¿cuántas cosas? ¡pocas cosas!)

Le borraron nuestros mejores recuerdos, le dejaron los no tan buenos.

Lo alentaron a ofenderse y ofuscarse.

Le sugirieron difamarme, dar a conocer mi dirección para que vengan a bombardearme.

Se lo llevaron.

.

Y yo que siempre sentí esa pequeña nostalgia sobre la guerra.

Yo que siempre creí que quizás habría muerto en alguna de ellas para luego reencarnar en los años 90.

Yo que redacté cientos de tratados de paz.

Y que elegí la bandera blanca como identidad.

Heme aquí, bajo la puerta, reviviendo las bombas azotar contra el ropero.

Se lo llevaron.

¿O acaso creyó que no lo había notado?

.

.

.

(https://www.instagram.com/melinamarcos.escritora)


Melina Marcos

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