Reivindico la ternura
aunque me tiemblen las manos.
Aunque me hayan dicho
que sentir es perder,
que abrirse es regalar el cuello.
Fui ternura siempre.
Pero aprend铆 a esconderla,
a doblarla prolijita,
a guardarla como algo fr谩gil
en un mundo torpe.
Me dio miedo ser blanda
en un lugar que celebra ser de piedra.
Me dio miedo amar
sin casco, sin filo, sin escape.
Pero hoy me asusta m谩s
existir sin pulso.
No quiero endurecerme para encajar.
No quiero sobrevivir si eso implica
olvidar c贸mo se cuida,
c贸mo se escucha
y c贸mo se mira sin defensa.
Reivindico la ternura
como quien alza una bandera
hecha de carne viva.
No porque no duela,
sino porque duele menos
que fingir que no siento,
cuando todo lo que hago es sentir intenso.
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