A ti,
que me has sorprendido observándote en silencio
más de una vez
Como quien estudia un paisaje
sin intención de poseerlo
Como quien permanece frente al mar
intentando comprender
por qué ciertas cosas conmueven
Porque eso hacía
Mirarte
Y fracasar
Buscaba una explicación razonable
Algún argumento
Alguna lógica capaz de justificar
el extraño desorden que provocabas
en mi manera de ver el mundo
Pero la belleza nunca fue un asunto de razones
No está en la perfección
Ni en la simetría
Ni en ninguna de las fórmulas
que los hombres han inventado
para domesticar el asombro
Está en otra parte
En la forma en que alguien inclina la cabeza
cuando escucha
En una sonrisa que aparece tarde
En una mirada distraída
perdida detrás de la ventana
En ciertos gestos mínimos
que pasan inadvertidos para todos
excepto para quien observa
Y yo observaba
Como observan los astrónomos
una estrella lejana
sabiendo que jamás podrán alcanzarla,
pero incapaces de dejar de mirar
Hasta que comprendí algo
Quizá la belleza no existe
para ser entendida
Quizá existe
para recordarnos
que todavía somos capaces de asombrarnos
Y desde entonces
dejé de buscar explicaciones
Ahora simplemente te miro
Con la misma humildad
con la que se contempla una noche despejada
Un incendio
Una obra de arte
O cualquier otra de esas raras apariciones
que vuelven el mundo
un poco más difícil de explicar
y mucho más hermoso de habitar.
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