Si tienes frío,
enrédate en mi piel;
yo me encargaré de que notes
todo el calor que aguarda
la yema de mis dedos.
Da igual si yo tengo escalofríos,
si de mis labios
nacen estalactitas.
Lo importante es que tengas
razones para quedarte
en la mudez helada que trae diciembre.
Para ello, inventaré si es necesario
un hogar que sea tu casa;
cuatro paredes, cuatro esquinas
que nos protejan del frío.
Serán leña nuestros besos,
y cuando golpee las ventanas
el viento enfurecido,
te ofreceré las brasas
que mi pecho aguarda.
Para que nuestro mundo
no se hiele,
seré para ti
el amor que arde
en el desierto helado
que es tu boca.
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