Pienso en el tiempo que caminamos juntos
como un regalo.
Ya no es presente,
pero lo fue,
y quedé maravillada por su belleza.
Quedaron suspendidas nuestras risas,
las miradas cómplices,
el idioma secreto que inventamos.
Porque ¿quién, al mirarme, sabrá qué pienso?
¿Quién me dará un beso
a mitad de una frase?
Pienso en todo,
y también en nada.
En la nada que quedó tras nuestra historia,
y en lo mucho que me gusta recordarla.
Los chistes que el tiempo borró,
las caricias que aún saben a verano,
y, sobre todo, las canciones.
Cómo explicar que una melodía tan alegre
pueda hacerme llorar.
Me lleva a esos eneros de aventura,
de mate, amor y carcajadas.
Y qué decirte:
fue un regalo amarte,
y más aún,
que me amaras.
A veces llega la nostalgia,
esa traidora que me derrumba,
y pienso cuánto quisiera reír así otra vez.
Pero no vale la pena.
Fue algo hermoso,
digno de guardar.
Y aunque el agradecimiento no me alcance,
solo puedo decir:
qué lindo habernos tenido un ratito,
tan cerca,
tan libres,
y tan llenos de amor.
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