Así, mirándolo desde abajo,
creí al ciprés convertirse en naranjo
como por arte de alguna bruja o mago.
He visto tantas mariposas este invierno,
tantas que por un segundo me creí amado.
Abrazado por las fuerzas del viento,
en el aire me creí monarca.
Yo tiendo tu ropa y nunca se seca,
pero me visten con prendas de altruista
y los segundos todavía desbordan de vos.
Sin forma de alcanzar el fruto
ni la colmena a punto de explotar,
¿cuál es mi fuerte si todas
mis verdades son palabras tuyas
y vos no creés ninguna de las mías?
Estuve bordando lágrimas en las costuras
de tu camisa antes de devolverla,
porque a pesar de todo siempre
soy egoísta y sólo quiero
que te quedes con algo mío.
Vos tendés la ropa para que nunca seque.
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