Llevo mi vida queriendo hacer una obra de arte.
He trazado bocetos.
He imaginado cómo sería.
He recolectado todas las técnicas posibles
para alcanzar la obra que me haría sentir orgullosa.
Llevo un recuento de cada borrador.
Cada error, cada trazo fallido,
lo archivo para no repetirlo en la próxima.
Pero apenas empiezo…
el lienzo no es el correcto.
Las ideas se desdibujan.
Los trazos se tuercen.
Aplico demasiada pintura.
O muy poca.
Supongo que debo tomarlo como un aprendizaje más.
Eso es lo que te dicen.
Pero, ¿hasta cuándo voy a aprender?
Estoy cansada de quedarme con la idea
de lo hermoso que pudo ser,
lamentando cada error,
caminando con cuidado,
como si pudiera evitar manchar el lienzo otra vez.
La vida es una exposición.
Llena de obras que desde siempre
fueron mis estándares,
mis aspiraciones,
mis sueños recurrentes.
Y ahora me pregunto:
¿será que yo, la artista,
soy la que está defectuosa?
¿Será que debería dejar de soñar con bocetos perfectos
cuando ni siquiera mi pulso lo es?
He practicado por años.
Dicen que no se nace sabiendo,
que se aprende.
Pero yo me he esforzado cada día…
y aún así, no es suficiente.
La búsqueda de la obra perfecta
que me salve de mí misma
está matándome.
Y no sé cómo detenerla.
En cada persona veo un boceto.
Recolecto técnicas,
me lleno de ideas,
me hago experta en aplicar lo que aprendí…
Pero algo siempre falla.
Me está matando soñar con esta obra perfecta,
porque cada vez que me miro frente al espejo
solo me veo con un pincel en la mano,
la ropa manchada,
y cientos de bocetos incompletos detrás de mí,
recordándome
cuántas veces lo intenté
y cuántas veces fallé.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in