Te vas, y la puerta queda entreabierta, como si no supieras cerrarla, como si te quedara algo por decir o por arrancarme.
Te vas, y yo, como un perro flaco, me quedo mirando el eco de tus pasos, la sombra que no vuelve, la cama que aún conserva tu forma.
Te vas, y me quedo con la rabia tibia, con las palabras que no dijiste porque no te atreviste, porque nunca supiste morir como yo.
Te vas, y no sé si es tuya la huida o mía esta forma es tan absurda de quedarme esperando.
Quédate ahí, pero no te quedes a medio camino, no me dejes a medias, que yo no sé amar a pedazos.
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