Te escribo este poema en el metro
como quien redacta la lista de la compra.
Ha pasado tanto tiempo que las palabras
nacen despegadas, frías, inertes
cuando pulso las teclas en la pantalla.
Te escribo en el metro
porque te fuiste tan lejos que
ni las cartas ni llamadas
te alcanzan.
Un poema es una excusa,
una tirita o un salmo
si lo prefieres.
Imagino escenarios en los que paseas bajo el sol
de un día de primavera
y un antiguo compañero de clase te pregunta:
"¿te acuerdas de Sergio?
ahora escribe poemas que llevan tu nombre".
Negarás con la cabeza, pero
en la comisura de los labios
se dibujará un ángulo de doce grados,
suficientes para que, a miles de kilómetros de distancia,
siga escribiendo poemas en el metro.
La línea 10 se queda corta
para tantas cosas que aún debo susurrarte.
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