Amabas este tipo de días, frescos pero con sol. Con un viento sur bastante frío pero con un solcito lo suficientemente cálido para soportar que se te enfríen las manos y se te vuelen un poco los pelos. Día ideal para que diéramos una vuelta por el jardín y ver tus plantas. ¡Y vaya que tenías muchas!
Hubieras vestido una remera manga larga y te hubieras puesto el saquito negro abotonado, ese mismo que ahora llevo puesto. Alrededor de los hombros estarías usando tu chall rojo de cachemire. Tendrías puestos tus anteojos de sol, esos rojos vintage con vidrios oscuros que tenías desde hace tantísimos años y que por supuesto, combinaban con el chall.
Debajo, una calza negra y tus zuecos de talón descubierto.
Antes de arrancar el paseo, saldríamos al porche, donde consumarías ese hábito horrible de fumar que te acompañaba desde los 13 años y que nadie lograría quitarte.
Luego emprenderíamos la caminata donde hubieras nombrado cada una de tus plantas. Salvo alguna que no te saldría pero tendrías en la punta de la lengua y que, más tarde tomando el té o jugando al burako, recordarías.
Qué injusto y tirano es el tiempo, que en lugar de presente, te escribo en pretérito.
Porque ahora, no me queda otra que encontrarte en estos días que amabas, en este viento sur bastante frío pero con un solcito lo suficientemente cálido para que yo pueda soportar que se me enfríen las manos mientras escribo y se me vuelen un poco los pelos; esta vez, sentada sola en mi balcón lleno de plantas, como el jardín por el que paseamos tantas veces.
Te amo, en presente.
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