“Mambo espiritual” dije
y me marché marcando el paso.
Y en los charcos que dejó la lluvia tímida
mi reflejo se ahogaba.
Lancé una mirada al infinito
y un guiño me devolvió;
ahorré un pulso en mi corazón ;
dejé correr la sangre sin latido.
Mi sombra hace eco de mi silencio,
le aúllo a la luna
así como de mi deseo huyo,
y respiro profundo el acre ambiente
Un junio sin júbilo
y un crepúsculo que no se anima.
Cede fácil la razón al desconcierto,
tan frágil y volátil como duna en el desierto.
Así como una rosa
para no ser arrancado de mi plexo
mi ego se defiende con espinas
aferrado a mi cuerpo de arena con sexo.
Del cielo caen cristales finos.
Corazones que esperan, corazones divinos
“La tempestad trae templaza” me digo
y me escapo por la entrada del subterráneo.
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