Es gracioso ver cómo te resistes. Cómo finges cuando sabes que soy el centro, que te domino, que todo es aburrido sin mí. Actúas como si no te retorcieras entre las sábanas exclamando mi nombre en mi ausencia, recorriendo tu cuerpo como si fuesen mis manos, marcando cada centímetro de tu piel con tus uñas como si fuesen las mías, sintiendo la sombra de mi cuerpo sobre el tuyo cuando te hago sangrar y creo un infierno para los dos haciendo que me observes con esos ojitos de sumisión mientras humedeces tu boca y tu garganta se desgarra en mi honor.
Te ves tan adorable cuando estás de rodillas, recibiendo mi esencia, suplicando mis toques, anhelando probarme sin importar que mi tacto arda en tu ego y tu piel como el fuego, cuando mis palabras filosas te atraviesan y aún así quieres más y suplicas por ello antes de tomarlo todo. Y vaya que sabes tomarlo tan bien. Morder, chupar, marcar, lamer, tragar. Incluso en otro lecho es a mí a quien quieres probar. Porque aún en otros brazos es mi pecho en el que anhelas estar... Sí, es gracioso verte intentar.
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