Mi mamá entro a mi cuarto y me preguntó
— ¿Cuando piensas guardar tu ropa? Lleva días arrumbada en esa silla.
Y aunque tenía el tiempo suficiente para levantarme de aquella cama, tan cómoda como tan incómoda, solo respondí:
— Tal vez mañana.
El mañana llegó y mi cuerpo pedía un poco más de descanso, por lo que está vez yo me pregunté:
— ¿Hace cuánto no me baño?
Aunque había perdido la noción del tiempo sabía, que tenía que asearme, pero mi mente me llevo a lo mismo:
Tal vez mañana lo haga.
Habían pasado dias, tantas "mañanas", pero nada cambiaba. Seguía en la cama, con la misma ropa de tantas mañanas pasadas, con mi cabello sin peinar y mis dientes sin cepillar.
Necesitaba salir de esa rutina, pero estaba tan cansada ese día que hacía planes para un mañana.
¿Qué mañana?
Ese mañana nunca llegaba, y solo el peso de lo que debí haber hecho se sumaba a mis espalda.
Mi abuela se sumó a la temática de mis días y me preguntó:
— ¿Cuando piensas recoger tu cuarto? Mira nada más que cochinero tienes.
Aunque mi cuerpo estaba en reposo, no paraba de sentirme cansada y agitada. Lo sabía, sabía que mi cuarto era un desorden, pero ¿qué podía hacer si mi mente también lo era? Solo permanecí inmóvil y respondí:
— Tal vez mañana...
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