Desfilo por distintas habitaciones.
Comparto cama con muchos cuerpos:
cada semana pieles gastadas, rostros que se olvidan antes del amanecer.
Nada permanece.
Todo pasa por mí como sombras.
Pero entre tanto movimiento, entre tantos nombres que no recuerdo,
a veces se me escapan dos palabras que no deberían existir en mi boca:
“amor imposible”.
Y entonces cometo el mismo error.
Te nombro.
Te presumo ante ojos ajenos como si fueras mía,
como si alguien como yo tuviera derecho
a desear la calma de tu sonrisa para sí.
Es un delirio breve, casi ridículo,
pero lo sostengo igual.
Porque ese es mi pecado.
No las camas.
No los cuerpos.
Mi pecado eres tú.
Porque te codicio.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in