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SOY AFORTUNADA DEL MUNDO QUE ME RODEA

Jun 2, 2026

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SOY AFORTUNADA DEL MUNDO QUE ME RODEA
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Gracias al flamenco, fue una tarde de 2018 cuando me enamoré perdidamente de los toros.

¿Saben cómo se siente estar enamorado? Esa sensación de emoción, euforia, adrenalina y, sobre todo, muchísima ilusión. Hasta la fecha no he encontrado nada que me genere las sensaciones que me provoca estar en una plaza de toros. Estar ahí es olvidarme de todo lo demás. No saber de nada ni de nadie, más que disfrutar del toreo. Es como encontrar paz en medio del caos.

Alguna vez escuché que estar en los toros eleva los niveles de dopamina y, como mencionaba anteriormente, acelera el corazón. Y es que el toreo es pura emoción.

Para mí, ir a los toros es todo un ritual. La emoción comienza desde el momento en que compro los boletos, especialmente si se trata de una corrida en la que participa mi torero favorito. Después viene la cuenta regresiva, planear los outfits —porque, ante todo, hay que ir guapa a los toros—, quedar con amigos y viajar hasta la plaza.

Hay algo que considero que todo aficionado debería experimentar al menos una vez: ir al sorteo. El ambiente es inmejorable. Ahí coinciden cuadrillas, apoderados, ganaderos y, en ocasiones, los propios toreros. Es el momento ideal para ver a los toros de cerca, tomar fotografías, conversar con otros aficionados y descubrir rincones de la plaza que quizá ni siquiera sabías que existían.

Y entonces llega la hora de entrar a la plaza, buscar tu localidad con calma y disfrutar del paseíllo.

He tenido la fortuna de ver el paseíllo en distintas plazas, pero mis favoritas son Autlán, Guadalajara y Madrid. En Autlán suele partir plaza el pasodoble Cielo Andaluz, aunque cuando se trata de una novillada o una corrida de rejones se hace con Toreadores, de Georges Bizet. Precisamente esa misma pieza es la que se escucha en Guadalajara. Sinceramente, no recuerdo con qué pasodoble se partió plaza en Madrid, aunque allí durante la corrida no se interpreta música, salvo entre cambios de toro.

Pero volviendo a la corrida, me encanta observar todos los detalles que forman parte de la tarde: los capotes de paseo, el oro de los vestidos de luces brillando bajo el sol, la afición pendiente de cada instante, los mozos de espadas comprobando que cada detalle del traje esté impecable y los ayudas limpiando los avíos.

Hay algo muy particular que siempre llama mi atención: observar a los toreros en el callejón antes de salir a torear. Los veo calentando y haciendo sombra; es decir, toreando con la palma de la mano mientras imaginan al toro. Lo hacen con tanta despaciosidad y naturalidad que resulta casi hipnótico.

Y cuando la corrida termina, llega una de mis actividades favoritas para cerrar el día: ir al patio de cuadrillas para saludar a los toreros, pedirles una fotografía o una firma. Es un momento realmente emocionante porque muchas veces hay que correr detrás de ellos para alcanzarlos, o porque la cantidad de gente hace muy difícil acercarse.

Pero no quiero extenderme más. Habrá oportunidad de hablar de muchos otros temas a lo largo de los días.

Gracias por leerme.

—En el albero, por Karla.

Mi 1a vez en Las Ventas de Madrid. 7 de junio de 2024.
EN EL ALBERO

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