El caos abunda en mi pecho,
pero cuando tu mano me entregaba
la paz que necesitaba,
ya no la quería.
No podía soportar arruinarte a vos.
No importaba cuán caótica fueras,
no quería romperte.
Así que mis manos se alejaron,
como si temieran romper el frágil cristal
que te protegía.
Temía incluso mirarte y que con solo
una mirada, te entristecieras.
Es lo que era, es lo que siempre fui.
Una persona ahogada en tristeza que
en algún momento,
los inunda a los demás.
Pero no podía permitirte inundarte a vos.
A vos con aquella voz celestial.
A vos con aquel dulce cantar.
A vos que con solo un toque,
me calmabas.
A vos con ojos tan adictivos como el café.
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