Te soñé en la hora quieta, cuando el mundo duerme y el alma despierta, me escribías, ¿vas a venir?, decías, como si aún esperaras, ¿me esperabas? esa duda quieta en mi memoria .
Respondí en la calma de la mañana, pero de repente, estabas tú, frente a mí, no había más que un “te amo” que brotaba como promesa antigua y tus brazos que rodeaban mis heridas.
Éramos dos esencias que se abrazaban como si todo doliera menos si era al lado de la otra, como si el mundo se arreglara en un suspiro bajo una frazada imaginaria.
Y desperté, con el pecho hueco, latente, cada vez más fuerte y las manos vacías de tu calor, pero aún tu nombre seguía ahí, como un eco suave que niega irse de mi almohada, de mis sábanas, que decide quedarse hasta que la tormenta pase.
-S.R
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