Me perdí en tus ojos,
donde las estrellas nunca brillan para mí.
Te busqué entre tus silencios,
pero mi voz nuca llegá a tus oídos.
En cada paso, mi alma gritaba tu nombre,
pero tus pasos se alejaban,
como una brisa que ya no encuetra su hogar.
Te amé en un ricon oscuro
donde ni el sol pudo entrar,
y ahí, en la penumbra de mi pecho,
te esperé sin saber que nunca llegarías.
Las horas se hicieron largas,
y las noches, más frías,
en un calendario que olvidó el amor
y solo guardó el eco de tus ausencias.
Nunca me viste
pero mi amor, eterno y ciego,
te abrazó sin perdi permiso,
sin entender que tus brasos
nunca se abrirán para mí.
Y ahora, aquí,
quedo con las huellas de tus miradas perdidas,
mientras mi corazón se deshace,
en cada pedazo que no pudo llegar a ti.
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