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Solo quiero que nunca se olviden...

Vitoo

Mar 29, 2026

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Solo quiero que nunca se olviden...
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Para romper con la monotonía de los jueves de trabajo me llegó un mensaje. No sé muy bien la razón, pero en el correr de la mañana había tenido una corazonada, un latido extra que acelere mi presión. Afortunadamente mi turno es solo de 9 a 13, de lo contrario, la ansiedad hubiese tomado control de mi mente y nada podría haber impedido que decida dar por finalizada mi jornada antes de lo usual. Cuando uno es nuevo y, para colmo, jóven, no tiene más alternativa que amoldarse a la mediocridad de un empleado con grandes ideas en el fondo del tacho de basura. Acomodé la espalda en la rigidez de mi silla, traída de la cocina y esperé que la computadora logre cargar el chat.


 La ansiedad es más que infernal, me roba la atención y me inutiliza. Rapunzel con su única ventana, pensando en el horizonte, en el príncipe que la rescatará. ¡Que carajo estoy diciendo! ¿Rapunzel? hay que seguir llenando planillas. Casilla por casilla, ladrillo por ladrillo, no creo que sea tan distinto al encierro de la princesa, aparte imaginarlo como un juego de torres y construcción disfraza la vulgaridad de la repetición sin cuestionamiento. Minimicé mi ventana.


 Allí estaba, por fin había cargado, el mensaje de, ¿Mamá? Ella sabe que trabajo y no me molestaría por cuestiones triviales. Ladrillo 322, ladrillo 323, ladrillo 324. Al subir a la cima de mi torre o celda de princesa me di el tupé de leer el mensaje de mi madre. Mandó al grupo junto a mi hermano:

 

 “Yo solo quiero que nunca se olviden que son lo más importante para mí y que los amo mucho”


 Fui abatido por la brisa del aire acondicionado y sofocado por las luces blancas y frías de la oficina. Realmente no podía creer lo que estaba leyendo ¿Acaso es esto una despedida? No supe bien qué pensar, el único razonamiento fue que no había tiempo para razonar, de todas formas debía esperar al pitido de las 13 horas. A seguir llenando planillas, todo debe estar calculado, si no hay más planillas por completar, debemos inventar nuevas métricas muy estrictas para crear celdas acordes al desarrollo de este negocio. Mucho biri-biri, pero es lo que me dijeron apenas tuve la primer entrevista, algo debo estar haciendo bien, pues todas las semanas me preguntan si estoy para meter horas de más.


 ¿Mamá me hace esto? ¿En este momento de desorientación? Qué cruel es que quien te deseo entre sus brazos toda una vida, te buscó hasta con la última gota de sudor, te apuñale por la espalda. Todo tan rapunzel. ¿Dónde está mi príncipe? No me alcanza ni para el camaleón. ¡Que lindo poder adaptarse al color gris de las paredes de la fábrica, al verde de las copas de los quebrachos y al rojo vívido del hacha que lo tala!


 Mis compañeros se levantan para ir a almorzar y es el momento donde sus voces se tornan más humanas, se abandona el lenguaje robótico, mecanizado y la falta de tacto ante las equivocaciones diarias. 

  • ¡Cuidado Mari! 

 Se llegó a escuchar tímidamente cuando Marina golpeó un escritorio con sus anchas caderas y provocó la caída de una taza de café.

  • Tranqui, ahora limpiamos y juntamos todo, no te preocupes

 Dijo Nahuel, el hombre barbudo y cargado de testosterona, para genuinamente ayudarla, no únicamente para mostrar su hombría, solamente yo logré apreciar la escena.


 Junté mis cosas, cerré la mochila, saludé a mis compañeros, quienes plácidamente disfrutaban de su única hora de charla despreocupada y sin supervisión, y partí. De todas formas, no dejaba de pensar por qué mamá había decidido eso, dejar a sus hijos sin madre, a su marido sin esposa, a mis abuelos sin hija. Rompí en llanto al subir al colectivo y moqueando le pedí por favor(Porque mi madre siempre me inculcó buenos modales) al chofer que me cobre el boleto hasta la esquina de Warnes y Acevedo.


 Al bajar perfectamente en la puerta de casa, respiré, tal como hace la milicia para bajar las pulsaciones, y vi como una gran opción no entrar. Nadie comprende realmente qué es ese escalofrío que siente uno al saber que lo abandonaron. Di una vuelta a la manzana y entré.


 Al llegar la vi a mamá.

 Sentada en el sillón individual, pegado a la mesa ratona del living, contando los útiles escolares de mi hermano, que comenzaba el lunes, siempre tan precavida. Mis cuerdas vocales boicotearon mi plan lleno de insultos, rencor y odio, para sencillamente bloquear cualquier sonido que quisiera emitir.


 Entre tanto silencio y cálidas bienvenidas, se posó un mate cocido en la mesa y bebí. Bebí mientras razonaba, porque ahora si había tiempo. El abandono, la soledad, la incertidumbre, reacciones de odio y bronca. Que maldad dejar a mi mente relegada a pensar solo en escenarios trágicos y victimistas. Que tristeza no poder salir un rato de las celdas, para abrir la ventana de rapunzel. Pensar en villanas de una historia que hubiera sido resuelta, con un, yo también te amo mamá.


Vitoo

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