Los veranos en el subsuelo
eran poco soportables
la ventilación estaba tapada
para que "no entracen moscas"
y el termómetro
podía pasar los cuarenta grados.
Nos daban treinta minutos
para comer lo que cocinábamos
todas las mañanas.
Muchos usábamos ese tiempo
para salir a fumar
y el mas rápido, salía por encargue
hasta el edificio de a unas cuadras
a conseguir algo de cocaina.
Los viernes
terminábamos a las cuatro
y la tarde nos volvía a pertenecer
sacábamos de la basura
un vaso descartable
de alguna franquicia yankee
y preparábamos fernet
en las montañas de plaza San Martín
hablábamos de música
de libros y futuros
que nunca llegamos a vivir
podíamos romantizar
la decadencia de nuestra existencia
pues aunque la paga no era buena
la vida era barata
y todavía
teníamos la capacidad
de imaginar futuros.
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