Un tipo tiene que viajar por trabajo, ya desganado por la idea, se dirige a la estación de ómnibus, o creo que era de tren, no recuerdo bien.
Reacio ante la idea de esperar, de no saber qué está haciendo con lo suyo, se encuentra con ella, donde más quería partir, ahora deseaba quedarse de por vida.
Los labios de papá empiezan a temblar levemente.
Quería inmovilizar el tiempo, así que se lo rogó. Los ojos de papá se inundan de un río correntoso, incipiente salida al mar.
Le implora a las agujas que no recorran más su camino, que detenga el tiempo en sus manos, que no siga adelante, porque, del amor, no se quiere ir. No quiere que se vaya a ningún lado.
"Perdon, hijo, me emociona mucho."
Papá deja caer unas aterpecioladas gotas, casi necesarias, que hidratan el camino hasta su barbilla.
Los superhéroes son los que se visten de lágrimas, no con capas.
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