El sábado pasado unxs amigxs me invitaron a ir al cine. Ellxs querían ver la última de Avatar; a mi no me importaba mucho la peli con tal de compartir un momento con ellxs. Llevamos pochoclos para compartir (o canguil o cotufas o pururú) y galletitas saladas tipo crackers para untar con una pasta de queso con roquefort que estaba espectacular, emulando los nachos con queso pero caseros y más ricos honestamente. Comenzó la peli y mi primera impresión fue esa justamente, una impresión en la retina por los efectos zarpados que tiene. Realmente vale la pena ir a verla en el cine porque se aprecia en cada detalle el trabajo que tienen los personajes, el mundo, toda esa creacion de la fantasía que se convierte en tan expresiva gracias a la tecnología que se oculta en las imágenes. La peli avanza como cualquier peli bélica yankee, hasta que en un momento la trama llega, y advierto el spoiler, a la conclusión de que todxs deben ir a la guerra. Una guerra mundial en un planeta fictisio puede solucionar, a través de darle la muerte a todo el bando contrario, el problema de colonización de Pandora. Quebré en llanto, me dio un ataque de angustia incontenible, no podía parar de llorar a mares; esa mañana el gobierno de EEUU decidió atacar Caracas y secuestrar el lider politico, dictador o no, N. Maduro. En la cabeza sólo podía pensar en cómo esa narrativa bélica transforma nuestra realidad a nivel mundial. Nunca fui a EEUU pero todxs sabemos que la cultura es particularmente violenta y pro-guerra. No pude soportar la trama básica que me proponía la pelicula. Comencé a racionalizarla para poder mantenerme sentada, porque sino la única solución que se me ocurría era levantarme e irme de la sala, y no quería ser tan dramática. La peli es una poronga más allá de los efectos, etc. Un padre de familia milico que cria a su hijo varón como si fuera un subordinado suyo es el protagonista "bueno", mientras que su antagonista es un padre milico que quiere criar a su hijo varón como si fuera un subordinado suyo pero no puede porque el hijo no lo quiere. Planteado en el escenario de una colonización a un planeta inspirado en la Amazonia, que tiene una diosa Madre a la que uno de los personajes puede acceder cuando se "conecta" a esa energía vital del planeta. Todxs los personajes son bien hetero-normados, incluso las ballenas gigantes esas que tienen cultura y que, a pesar de no tener pulgares, se arman unos aros bárbaros para colgarse de las branquias. A estas ballenas las van a masacrar los humanos malos, entonces todo lo que habita en Pandora se debe unir para matarlos a todos, incluso la diosa Madre Guerrera, que es Madre primero y después, quizás a lo último, mujer. De hecho, no hay mujer en la peli que no sea madre, y si no es madre, es mala. En fin, para sorpresa de nadie, la peli es una bosta machista que reproduce los tiempos que atravesamos, de ponderar la figura de la familia tradicional y cada género con su rol bien asignado. Llegado a este punto de reflexión, mientras estaba en el cine, y para bajarle la emocionalidad porque sino no podía parar de llorar, me relajé un poco.
Ahora puedo sentarme y escribir un poco para sacarme del pecho la angustia que me genera ver que Trump en EEUU se está armando para que la 3era Guerra Mundial se dispare sin sorprenderlo. Estas narrativas de guerra, todos deben luchar hasta matar a alguien, para defender su territorio. Una narrativa que te obliga a empatizar con gente que "debe" matar. No podemos continuar consumiendo este tipo de historias, no al menos sin discutirla, sin banalizar lo grave que es en realidad una guerra, que no son efectos especiales puestos al servicio, son vidas humanas las que se ponen en juego. Quizás parezca exagerada mi opinión, además de estar atravezada por una profunda tristeza, pero no puedo parar de pensar en Ursula K Leguin, que nos advierte sobre la importancia de una narrativa diferente hace décadas, de Lucrecia Martel pidiendo a lxs artistas narradores que propongamos otras historias. Ya no parece haber mucho tiempo, más nunca es tarde para repensarse. A pesar de la persecusión que vamos a comenzar a sufrir quienes pensamos de esta manera, y más allá de lo que unx haga en su cotidiano para sobrevivir, necesitamos como humanidad inventarnos otros futuros, otros pasados, otras maneras de habitar esta tierra, amorosas con la vida. Claro, es lo más difícil porque pareciera que los humanos estamos infestados con un virus no diagnosticado, que al ser conscientes de nuestra propia muerte, en vez de generarnos amor por la vida y disfrutarla, provoca (en algunos) querer acumular la mayor cantidad de poder para formar el mundo a nuestro gusto (esto vale en todas las dimensiones de lo vincular en nuestra especia; desde relaciones de pareja, xadre-hijx, hasta las esferas más altas).
Mientras tenga tiempo y vida en esta tierra, en esta experiencia humana que me toca vivir, no dejaré de luchar por un mundo amable, por más que sea cada vez más delirante esta idea.
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Rocío Giménez Ferradás
Hola! Soy dibujante pero las palabras son un jardin en el que refugio el pensar
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