Cada día no me muero.
Me mato.
Muerdo el anzuelo
de mi propia trampa
todas las mañanas.
Me rindo.
Ya no me importa
portar esa máscara cuando me hablas,
esos gusanos de envidia en mi garganta
que me comen cada día.
Tal vez ya me acostumbré
a controlar mi entorno
y ya no siento nada…
y ya lo siento todo.
Si me veo como antaño,
parece que me he sepultado.
Esos gritos ahogados
poco a poco cesaron.
Tal vez ya estoy cansado
de correr y agitarme,
de quemarme
y juzgar lo que hago.
Pero al gran precio
de mi indiferencia
y mi muerte lenta…

Sebastián A.
Holaa, ya le he hecho la "mejora" a los poemas, por favor hechenle un vistazo🙏, también tratare de escribir más frecuentemente
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