Si era liviano,
¿por qué ahora se volvió confuso?
No se rompe el vínculo de golpe.
Se va yendo el sentido.
Tal vez fue un mal día.
Tal vez estoy leyendo antes de tiempo.
Pero hace rato que las charlas terminan en discusiones
que no tienen razón de ser.
Yo explicando algo
a alguien que no es nada.
Él explicando algo
que tampoco es nada.
Y entonces me pregunto:
¿para qué?
La razón de este vínculo
era pasarla bien.
El chiste, la complicidad,
lo liviano.
Pero cuando los chistes dejan de ser graciosos,
cuando los silencios ya no divierten,
cuando aparece la confusión,
algo se desarma.
No de golpe.
Despacio.
Yo necesito distancia para entender.
Parar, mirar, ver qué pasa con el tiempo.
Si se da, joya.
Y si no se da, también.
No pongo expectativas.
No a ÉL, no a nadie.
Pero aun así,
hay algo que no quiero perder.
Porque a nadie le gusta perder.
Y a mí, que soy orgullosa,
menos todavía.
Me doy cuenta cuando cedo de más,
cuando bajo el orgullo
y del otro lado no vuelve lo mismo.
Y ahí la pregunta cambia:
¿este vínculo me suma
o me resta?
Cuando el disfrute se apaga
y el sentido se va,
no es abandono.
Es cuidado propio
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffeeOur picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in