No, no quiero polinizar mi cuerpo.
Mi herbal no está expropiado,
soy un enjambre de dalias,
refinadas, destiladas, parasitarias.
Flores de espesores negros,
avispas que perforan mi rostro.
Y cuando no puedo arrancármelo,
hago política con los dedos.
Y vaya que brota de mí la miel.
Hay erotismo cuando soy quien,
la susodicha,
soy alguien —la indicada—
para caber en mi cuerpo.
No, no quiero religiosidad en mi piel.
Mis caderas son laicas:
ni cardenales,
ni duques,
ni dogmáticos.
Hay de mi caverna un thanatos,
mi espesura es nigromante.
Que consuele un fiel tanatólogo
esta desdicha de feminidad.
Si no bebo de una mujer, moriré.
Hay erotismo cuando soy condesa:
la sangrienta,
soy la que besa —y vuelve vino—.
Dreno a esa mujer,
y su cuerpo, al fin,
poliniza mi sed.
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