Alguna vez habré sido conciencia.
Hoy, no soy más que un fractal,
no más que el beso en la mejilla de la traición,
no más que el oro que cosecho a cambio
de la crucifixión que corta mi cabeza.
Alguna vez, me habré querido enterrar
junto a lo inerte,
descansar póstumamente donde mi amada,
quien defenestré porque me vi como Dios,
y la oculté en la tierra añeja, allá donde
profanan las brujas.
Si fui Judas, ¿por qué aún me ama?
¿Por qué siento que arrebata su vida
con las cadenas que ahorcan su rezo?
pienso que clava sus brazos, persignándose
ante la cruz que petrifica su limbo.
Si soy un fractal, el punto más bajo del astral,
¿por qué, en vez de ser la musa huyente,
limpio mi sed de sangre con el perdón
de los rosarios?
Me siento en santa pascua, aún si no he resucitado,
se mece en mí un Cristo, que mi lengua nunca ha envenenado.
Pero, entendeme, con cariño, que esperar es de humanos.
Cambiar, por el contrario, no es obra que nazca del Diablo.
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