Mi lengua codifica tu lengua,
pero tú no lo entiendes,
ni siquiera hablaste mi idioma alguna vez.
En algún lugar aún hay espinas,
antes hubiera sido incapaz de decirlo,
pero quiero que mi cabeza nunca calle
para no sentirlas.
Yo, que estaba en silencio, sumida,
exhausta,
he botado el corcho.
El vino se derrama y moja cada hoja,
no hay tinta ni negrura
ni nada que se riegue porque nunca te escribí.
Mentiría si dijera que la epífora me ahoga por la noches,
mentiría si clamara que me he arrepentido.
Sé que ser esquiva me ha salvado
aunque la herida parece estar allí,
hambrienta,
roja,
sola.
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