Un relámpago
atraviesa este miércoles,
ilumina el tiempo,
el dolor,
la cicatriz reciente.
En medio de esta oscuridad
quiero dar sepultura a tu naturaleza
en mi memoria,
aunque sea necesario
rasgar con mis manos la tierra dura,
debajo del árbol moribundo,
en el centro de esta intemperie,
entre raíces secas,
en el fondo del gris
donde ya no quedan neuronas,
de lo poco que subsiste
tras este insomnio crónico.
Quiero sobrellevar con hidalguía
tu menosprecio,
organizar mi semana meticulosamente,
no dejar nada libre al azar,
sumergirme en la rutina sobreprotectora.
Ordenar mi alimentación,
dejar de lado la carne, tu carne,
destruir mis tejidos
con ejercicios enfadados.
Ubicar la renuncia, tu renuncia,
tras todos los chistes incómodos,
en cada respuesta que supone
el motivo de tu ausencia, nuestra ausencia.
Quiero salir,
huir de este departamento,
decir que sí a todos los planes,
sostener la borrachera por días,
disminuir el alquitrán de la resaca
con más resaca.
Camuflar el vacío en otros besos,
en otros llantos,
deshacerme de las escamas,
de tus partículas,
mudar de piel como serpiente.
Perdonarme con paciencia
los domingos de veredicto,
inocente o culpable de todo.
Convertir en mínima victoria
el silencio de rememoraciones inútiles,
de secuencias inservibles.
Quiero escribirte un poema de amor,
como acto desesperado,
como jaque mate,
como última mano,
aunque al final no sirva de nada,
dejar constancia
de que, al menos, lo he intentado.
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