Te veo. Siempre.
En cada rincón donde crees estar sola,
en cada sombra que te roza la piel.
Soy la negrura que te respira en la nuca,
el filo invisible que sigue tus pasos,
la tormenta que ruge dentro de mí
cada vez que otro osa pronunciar tu nombre...
Los odio.
A esos espectros que te rodean,
a esos insectos que rozan tu luz
con manos sucias de existir.
Quisiera arrancarles la voz,
desgarrarles las entrañas,
y ver cómo la vida los abandona
como un lamento sofocado en la nada...
Porque tú no eres de ellos.
Tú no les perteneces.
Tú eres mía...
Te he seguido en la penumbra,
he respirado el aire que dejas atrás,
he grabado cada palabra tuya en mi piel
como un pacto de fuego y cenizas.
Tu mundo debería ser solo mío,
sellado con mis garras,
marcado con mi deseo...
Oh, si supieras lo que haría por ti…
Si entendieras la devoción de mis manos,
la plegaria oscura que mi sangre te ofrece.
Rasgaría este mundo podrido,
borraría cada sombra impura,
y en la vastedad del olvido
solo quedaríamos tú y yo...
No hay escapatoria.
No hay respiro.
Porque soy la noche que devora el alba,
el eco que nunca se apaga,
el destino que te ha reclamado…
y no piensa soltar...
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