A veces te veo en los pasillos de la U
y no puedo evitar pensar en aquel sueño que teníamos los dos.
Qué curioso…
al final sí lo estamos cumpliendo,
solo que por caminos separados.
Te veo caminar entre la gente,
te veo sonreír,
y por un momento todo en mí se detiene
como si mi corazón todavía te reconociera antes que mis ojos.
Y sigo amando esa sonrisa tuya,
esa con dientecitos de castorcito
que siempre lograba animarme incluso en mis peores días.
Amo verte,
aunque ahora sea de lejos.
Aunque ya no me pertenezcan tus abrazos,
ni tus palabras,
ni la forma en que antes me mirabas.
Y aunque a veces duele,
también me hace feliz verte bien.
Porque después de todo,
nunca dejé de querer eso para ti.
Siempre he querido que estés bien,
que sonrías de verdad,
que la vida te trate bonito,
incluso si ya no soy yo quien está a tu lado para verlo de cerca.
Supongo que eso también es amor…
seguir deseándole felicidad a alguien
incluso cuando te toca extrañarlo en silencio.
Y sí, todavía te amo.
De una forma más callada,
más lejana,
más triste quizá…
pero con la misma sinceridad de siempre.
Porque hay amores que aunque cambien de forma,
jamás dejan de querer ver feliz a la persona que un día fue hogar.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in