Me acurruqué tanto en mí que me convertí en semilla. Fui tomando una forma ovalada, difícil de explicar. Una semilla vacía, con una destrucción que crece hacia adentro. Quisiera tomar todos los pedazos de mi corazón y usar el ingenio para tratar de armarlos. Quisiera tomar todos los pedazos de mi mente y reconstruirla también. Encastrar las piezas y ser feliz. Pero no se puede cuando tantas guadañas han pasado por aquí. El daño se ha vuelto parte de mí, y yo soy parte del daño. Donde había vida, hay muerte. Porque para armar el corazón y la mente, hay que construir afuera, pero todo está roto y ya no se puede. Para construir afuera, hay que hacerlo desde adentro, pero ya no es posible. La vida lleva el nombre de una semilla vacía que tiembla cuando alguien se le acerca, apenas respira. No soporta otro corte, otra traición, otra ausencia, otro manoseo, otro terror, otro maltrato, otra humillación, otra demostración de que su presencia no es nada. Todos los días, un poco más desvalorizada, desmembrada en partes, como si se desintegrara, imitando sus mejores partes después de destruir la estructura que las conectaba.
Solo quiero tomar todas mis partes y guardarlas para siempre en un cajón ¡el candado más grande que tenga señor! para que nadie las toque, para que nadie las pueda dañar, para que ya no se sienta el dolor.

Era
Tratando de explicar la experiencia de querer hacer A y que sea Z, que eso dependa de la manipulación y el abuso. Me hubiera gustado un invernadero en nuestra casa grande y modesta
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