un surco arado a la fuerza soy para el tiempo que no escarmienta
aquel obstinado que persiste en sembrarme sobre polvo y piedra postergado por los halos del sol
tan ancho es el celaje sobre mi cabeza, tan estrecho el tránsito hacia el corazón
restos de tiempo ondulando mis pupilas, en tropel me atropella las fantasías
avalancha de sueños incumplidos me hacen mella y en nubosos desvelos me obnubilan
agudas campanadas que repican, me invocan, me dominan, me limitan, impías
entonces reverencio verdades sin atuendos, fraudulentos, errantes
en un absurdo intento de echar raíces, negligente y trashumante, vacilante de mi calidad de semilla fértil
monocromática resolana me ampara, al buen entendimiento de que no soy adorado vergel sino puerto estacional, donde se anclan los deseos de una acongojada placidez cotidiana
mis manos a veces trepan entre nubes y otras se hunden en el fango viscoso, huyo de lo contrario, viajo hacia lo incierto
mi alma es dócil viajera de una sola dueña, pero también se eleva buscando sepultura eterna
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