"Sé cosas que tú no sabes" escribía una mano huesuda, deslizando su bolígrafo que en cada trazo se llenaba de más tinta, siempre roja, su color favorito. Una tinta que resbalaba entre las hojas hasta caer al piso, goteando de manera que la fragilidad de su zapateo ansioso quedaba sepultada bajo el manto carmesí espeso que rebotaba en cada caída. ¿Qué sabía? No estaba asustada, tampoco triste o iracunda. Estaba ansiosa. ¿Pero por qué exactamente? Tal vez porque el paso kármico de sus pecados podría alcanzarla, la sombra de sus culpas empezaba a pisarle los talones... ¿O sería por el extenuante pavor de naufragar en el laberinto de su propio juicio si 4 paredes de colchón la rodeaban en soledad al ser descubierta?... No. Era porque no soportaba no saber cuál de todas sus deshonras era la que conocía aquél fantasma de carne y sangre. "Sé lo que hiciste", leía en voz alta aquél angel de forma pero no de mente, mientras el bolígrafo se clavaba más profundo en el cuaderno que para ese punto ya había llenado en su desesperación, de manera que el rocío escarlata bautizaba su rostro querubínico, devolviéndola al matiz de su primer aliento. Era un diario más, entintado y acabado por sus fúnebres pensamientos, que la parca se llevaría en forma de alma arrebatada. ¿Acaso era eso lo que habría descubierto? ¿Su metódico desahogo por medio de diarios de carne? Después de todo, no eran pocos...
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