padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre
comulgué hoy, besando tu alba añorando el perdón de mis desesperanzas que tañen al ritmo de tus tres y ocho santos, que llamarán a la próxima tierra prometida por tus iniciales
venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo
ante un destino inerte e impune que me sobreobserva despempuño mis pestañas con tal de tenerte un segundo más de la noche anfibia, reposaré en el umbral del no poseerte como se extraña el color de las mejillas de, en el doceavo mes, el quién de cada uno ausente. a tu merced
dános hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas así como, también nosotros, perdonamos al que nos ofende
el sabor de tu piel es suficiente para curar la ceguera de este enfermo que se hace llamar alma, amor y ser. me crucifico en mis dolencias, me rescata el ferviente morado de tu palabra (de la que uno se ilustra tras mil epifanías de ser salvado por tu predicción) descansa de esta lucidez impía y yo no profanaré con tu recuerdo la miriada del suelo santo, bendito, pues, llevo a recoveco de esta tierra el tiritar de tus alabanzas y traiciones, pobre quien no conozca de tu profesía, fortunada yo que vivo con tu voz al hombro
no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal,
no conoceré mayor profecía que el rostro de tu pecado, aún ungida de gloria debería desprestigiarme al tremor del infierno donde las almas reas amantes piden compasión de sus condenatarios, no de Dios. ninguna Lisístrata separará fuego de paraíso porque si el cielo significa olvidarte, me retorceré en las llamas diáfanas con tu anhelo como amuleto
amén.
porque yo aprendí que tu cuerpo es mi inalienable piedad, y te escogí antes que a la gracia divina.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in