Estoy inmersa en la nada, escucho el latir de mi corazón, pero sus latidos van a un triste ritmo, el tiempo pasa igual que siempre, a la misma velocidad de siempre, pero el dolor no desaparece, tal vez al morir lo único que quedará de mí será mi eterna tristeza, aunque mi voz ya no viaje a través del viento, aunque hasta el polvo que quede de mí desaparezca mi melancolía permanecerá. ¿Qué soy sin ella? Nada, nunca fui nada, y nunca seré nada, el viento me susurra realidades distintas, realidades imposibles, inalcanzables para mí, el sonido de mi voz se esfuma y nadie logra escucharme o tal vez sí, espero tanto la lluvia y cuando llega quiero que se vaya, tal vez lo que espero no es la lluvia en sí misma, tal vez lo que espero es que la lluvia limpie mi alma o la ahogue. El viento me habla, oigo sus lamentos, lamentos que solo yo puedo oír, lamentos que solo existen en mi cabeza, la felicidad se escapa por las grietas de mi triste alma y se pierde en la nada, mi cuerpo es un rosal lleno de espinas pero sin rosas, mis propias espinas me hieren y quiero arrancarlas, quemarlas y desprenderlas de mí, quiero desprenderme de mí, pero ¿cómo escapar de mí?
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