Salimos del hospital, y todo me generó odio. El sol, perfecto, brillante, impoluto, había barrido hasta el último rastro de sombra. La nubes es día: ausentes. El aire pendate! olia a mugre, olia a los pulmones de los que habían pasado antes.
Un hombre me empujó al pasar, El humo del cigarrilo de una señora encontró mi nariz, respiré los años de tabaco de ese ser inmundo que degraciadamente no sa habia muerto de cancer antes de encontrarmelo. La calle era un circuito de movimientos y gente inútil. Todo funcionando con la precisión absurda de un mecanismo sin propósito. El mundo no se detendría. No habría tregua. No había espacio para la paz, lo autentico, lo realmente divino.
En mis brazos yo traía el mismisimo milagro de la vida, la luz mas brillante y pura del mundo, mi recien nacido y todos y todo lo atacaban.
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