Tengo este desesperado anhelo de que me quieras,
que me desees.
Agarrame, así me envuelvo en vos,
que no importen las cuentas por pagar,
las charlas pendientes,
ni las deudas kármicas.
Agarrame,
tocame,
trae con vos esa fugacidad,
métete en mis sábanas
y enrédate conmigo.
Quiero que me recorras por todos lados,
que sepas dónde frenar
y cuándo mostrar tu lado más perverso.
Vení, acurruquémonos,
démonos esos cien, mil besos,
tantos que nos perdamos
entre labio y labio,
entre cuenta y cuenta.
Olvidémonos de todo,
por un espacio breve,
aunque sea un poquito.
Devolveme ese ardor que sentía
cada vez que tu mano presionaba la mía.
Sácame de este frenético impulso.
Cantá mi nombre como si fuera tuyo.
Que tu voz me penetre,
y cada sílaba me deje sin aliento.
Piel con piel,
que el mundo arda,
que la noche sea nuestra,
y solo quede este incendio:
vos y yo, desnudos de todo,
ardiendo,
respirando,
fundiendo tu cuerpo con el mío.
Quedémonos así,
perdidos en lo eterno de un instante,
donde no hay deudas ni promesas,
solo la certeza callada
de que nos pertenecemos,
aunque sea por este fuego.
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