Te busqué en las horas oscuras, en las madrugadas de luna llena, entre mi sombra y el silencio insoportable que grita a más no poder. Te busqué en senderos sin nombre, caminos donde la tierra es cruel y la vegetación no se anima a crecer. En esta noche fría busqué en mi propia sombra, escarbé en la tierra seca, busqué algo que se parezca a vos pero solo encuentro raíces muertas.
Probé buscarte en otros ojos, en reflejos imaginarios, en ecos sin respuesta, pero solo veo figuras que se burlan de mí, de mi búsqueda y de mi sed que nunca se sacia. Cada día parezco más un animal enjaulado, dando vueltas y mordiendo las rejas, esperando un rayo mínimo de luz. Un poco de luz entre las ruinas de mi deseo, de las palabras que están atrapadas en mi garganta y pasos que nunca nadie me escuchó dar, como un rezo en un idioma que ya todos olvidaron o un nombre que nadie pronuncia.
Ya no puedo dormir en las noches, mi búsqueda no me lo permite, miré en todos los rincones, debajo de cada piedra y de cada pliegue de mis sabanas, entre los sueños que quedaron olvidados en mi almohada pero te ocultas como un animal con miedo, dejando ecos de risas y llantos, algo tan efímero que se va con el viento y el amanecer lo aniquila. Pero sigo tan terca, limpiandome las lagrimas y rezando en susurros, a pesar del dolor que me rompe los huesos porque la búsqueda no puede terminar. Aunque sea una mentira hermosa o algo que terminará en cenizas, aunque sea una forma de engañarme para evitar este silencio aturdidor.
Tal vez estoy condenada a la búsqueda para toda mi vida, como un perro que persigue su cola o un demente que persigue su sombra, sabiendo que jamás podrá atraparla.
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