Start writing for free on quadernoBibiana Jiménez
Cortó dos rosas pálidas en enero, cuando todo nacía ya marchitado.
El cordón umbilical se partía congelado y se enredaba en el cuello de las mañanas.
Puso una de las rosas en mi mano, e incluso con el rocío tan sereno, solo logré ver muerte y espinas.
Me vino una profecía al tocar la planta: la vi morir.
Sentí sus venas azularse y sus pétalos rendirse hacia la humedad del césped.
Y la oí suspirar su último aliento, tan pálido como su mismo rostro.
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